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Cuba: La última función


Por CARLOS ALBERTO MONTANER
Infolatam/Firmas Press

(Infolatam).- Me lo dijo un viejo y desengañado comunista cubano en un encuentro relámpago que tuvimos recientemente en Madrid: “este Sexto Congreso del Partido me recuerda esa atmósfera de tristeza y nostalgia que se respira en los teatros que realizan su última función antes de ser demolidos”.

Buena metáfora. La generación de Fidel, la que hizo la revolución, es ya octogenaria. Se está despidiendo. A Fidel, que tiene 84, lo jubilaron sus intestinos en el 2006, y Raúl, con casi 80, no tardará demasiado en abandonar la escena. Él mismo se ha dado un plazo de tres a cinco años para transmitir totalmente la autoridad y facilitar una especie de relevo generacional “para que los herederos continúen la obra revolucionaria”.

¿Qué quiere decir eso? Nada, salvo mantenerse en el poder. Aunque siguen repitiendo consignas, ya casi nadie cree en el marxismo-leninismo, mientras el gobierno trata de escapar de la improductividad crónica del sistema fomentando ciertos espacios para que la iniciativa privada alivie el desastre del colectivismo. Al tiempo que aplauden los lemas revolucionarios, los muchachos le llaman a Marx “el viejito que inventó el hambre”.

Los adultos, confidencialmente, reconocen este panorama. Después de 52 años de dictadura, y sin un parlamento hostil o una oposición que obstaculizara la obra de gobierno, los seis elementos básicos que determinan la calidad de vida de cualquier sociedad moderna se han agravado hasta convertirse en pesadillas: la alimentación, el agua potable, la vivienda, la electricidad, la comunicación y el transporte.

Raúl Castro, que es una persona realista, y que no se explica por qué los niños cubanos no pueden tomar leche después de los siete años, no ignora que su hermano ha sido el peor gobernante de la historia de la república fundada en 1902. En 56 años de capitalismo, pese a los malos gobiernos, la corrupción, las revueltas frecuentes y los periodos de dictaduras militares, la Isla se convirtió en uno de los países más prósperos de América Latina y La Habana en una de las ciudades más hermosas del mundo. El sector público era mediocre o malo, pero la sociedad civil funcionaba razonablemente bien.

En 52 años de comunismo, en cambio, sujetada con una correa que impedía los alborotos, la sociedad se empobreció hasta los huesos y el paisaje urbano adquirió la apariencia de un territorio bombardeado. El sector público impuesto por los comunistas era terriblemente torpe, infinitamente peor que el de la etapa capitalista, y la sociedad civil (a la que ahora Raúl trata de darle respiración artificial para ver si revive) había sido cruelmente aplastada.

Es con este melancólico diagnóstico con el que los comunistas cubanos celebrarán su Sexto Congreso. Raúl ha convocado a una cúpula dócil a que respalde sus tímidas reformas y legitime a los funcionarios seleccionados. Se propone designar cuadros de menos de sesenta años, pero los que había (Carlos Lage, Felipe Pérez Roque, Roberto Robaina, Remírez de Estenoz) ellos mismos se encargaron de destruirlos.

¿Quién emergerá como el presunto heredero? Se menciona, sotto voce, aunque nadie está seguro, a Marino Murillo, un economista de 50 años, ex oficial del ejército y ex Ministro de Economía, despreciado por los apparatchiks (“es un simple auditor, no un economista”, me contó uno de ellos especialmente sagaz), hoy a cargo de disciplinar al Partido para que durante este VI Congreso acepte sin chistar los cambios propuestos por
Raúl. Se le atribuye una lealtad total al general-presidente y la decisión de mantener los elementos fundamentales del sistema comunista, aunque eliminando el paternalismo.

¿Tendrá éxito? No lo creo. Raúl, con el auxilio de Murillo, su entenado ideológico, quiere construir un socialismo sin subsidio y un capitalismo sin mercado. Eso es imposible. Ese disparate hay que enterrarlo, como sucedió en Europa del Este. Sin embargo, no es improbable que, tras la desaparición de los Castro, durante cierto tiempo las Fuerzas Armadas mantengan férreamente el poder, pero sólo hasta que salte la chispa y veamos en Cuba un desenlace violento. Quienes se empeñan en impedir la evolución natural de la historia acaban provocando unas devastadoras catástrofes.

Carlos Alberto Montaner nació en La Habana en 1943. Es escritor y periodista. Ha sido profesor universitario y conferenciante en varias instituciones de América Latina y Estados Unidos. Es autor de unos quince títulos, entre los que se destacan sus libros de ensayos Doscientos años de gringos, La agonía de América, Libertad, la clave de la prosperidad, No perdamos también el siglo XXI y Viaje al corazón de Cuba. Es coautor de "Manual del perfecto idiota latinoamericano" y de "Fabricantes de miseria". Como narrador, ha publicado las novelas "Trama" y "Perromundo". Ha sido traducido al inglés, el italiano, el portugués y el ruso. Semanalmente varias docenas de diarios de América Latina, España y Estados Unidos reproducen su columna periodística. Vive en Madrid desde 1970. Es vicepresidente de la Internacional Liberal. 

EL SACO DE LOS INCONFORMES

Una imagen endulzada muestra a Cuba como un país donde triunfó la justicia social a pesar de tener como enemigo al imperialismo norteamericano. Durante más de medio siglo, se ha alimentado el espejismo de un pueblo unido en torno a un ideal, trabajando denodadamente por alcanzar la utopía bajo la sabia dirección de sus líderes. La propaganda política y la turística, distorsionadoras de nuestra realidad, han echado a correr la voz de que quienes se oponen a la causa revolucionaria son mercenarios sin ideología al servicio de amos extranjeros. Cabe preguntarse cómo ocurrió el proceso que llevó a millones de seres en este planeta a creer que la unanimidad se había instalado —de manera natural y voluntaria— en una isla de ciento once mil kilómetros cuadrados. Qué les hizo creerse el cuento de una nación ideológicamente monocromática y de un Partido que representaba y era apoyado por cada uno de sus pobladores. En el año 1959, cuando triunfó la insurrección contra el dictador Fulgencio Batista, los barbudos llegados al poder lanzaron a sus enemigos a un saco con el rótulo “esbirros y torturadores de la tiranía”.

A lo largo de la década del sesenta y como consecuencia de las leyes revolucionarias que terminaron por confiscar todas las propiedades productivas y lucrativas, aquel reservorio inicial tuvo que ensancharse y le añadieron las etiquetas “los terratenientes y explotadores de los humildes”, “los que pretenden regresar al bochornoso pasado capitalista” y otras de igual corte clasista. Al llegar los años ochenta cayeron en el depósito de los contrarios al sistema también “los que no están dispuestos a sacrificarse por el futuro luminoso” y “la escoria”, ese hallazgo lingüístico que pretendía definir a un subproducto del crisol donde se forjaba no solo la sociedad socialista sino también el hombre nuevo, que tendría el deber de construirla y algún día el placer de disfrutarla. Los rotuladores de la opinión no hacen ninguna diferencia entre quienes se opusieron a las promesas iniciales de transformación social y los creyentes que terminaron frustrados ante su incumplimiento. Porque toda promesa tiene un plazo, sobre todo si es política y cuando caducan las prórrogas proclamadas en los discursos, se agota la paciencia y aparecen posiciones difíciles de etiquetar por esos eternos clasificadores de ciudadanos. De manera que desde hace varias décadas han aparecido en Cuba quienes sostienen que las cosas debieron hacerse de otra forma, los que llegaron a la conclusión de que toda una nación fue arrastrada a la realización de una misión imposible, un gran número que quisiera introducir algunas reformas e incluso los que pretenden cambiarlo todo.

Pero ahí está el saco con su insaciable boca abierta y la misma mano arrojando a su interior a todo el que se atreva a enfrentarse a la única posible “verdad” monopolizada por el poder. No importa si es socialdemócrata o liberal, demócrata cristiano o ecologista, o simplemente un inconforme independiente; si no está de acuerdo con los dictados del único partido permitido —el comunista—, es tomado como un opositor, un mercenario, un vendepatria, en fin, se le clasifica como un agente a sueldo del imperialismo.

Obstinadamente muchos siguen mirando la estampita edulcorada que muestra un proceso social justiciero y tratan de justificar la intolerancia que lo acompaña a partir de sus logros —ya bastante deteriorados— en la salud y la educación. Son quienes no pueden entender que los modelos usados para perfilar el retrato triunfalista del sistema cubano, se tornan muy diferentes cuando se bajan del pedestal donde posan. Paciente hospitalario y alumno de una escuela no son sinónimos de ciudadanos de una república. Cuando un hombre o una mujer de carne y hueso —con aspiraciones personales y sueños propios— se encuentra fuera de “la zona de beneficios de la revolución”, descubre que no tiene un espacio privado donde fundar una familia, ni un salario correspondiente con su trabajo, ni un proyecto de prosperidad lícito y decente. Cuando además reflexiona sobre los caminos que tiene a su alcance para modificar su situación, encuentra que solo le queda emigrar o delinquir. Si llega a meditar en como modificar la situación del país, descubrirá lleno de pánico el amenazante dedo acusador de un Estado omnipresente, el insulto descalificador, la intolerancia revolucionaria que no admite ni críticas ni propuestas. Se dará cuenta entonces que ha ido a parar al saco de los disidentes, donde por el momento sólo le aguarda la estigmatización, el exilio o la cárcel.

Autor: Yoani Sánchez
Fuente: El Nuevo Herald/Opinión/29 de septiembre de 2010

"Chile representa para Castro su peor derrota continental"

“-¿De qué se trata?

-Deberías adoptar la nacionalidad cubana. Te la conseguiremos en poco tiempo -afirmó escrutándome, tratando de descubrir algún indicio de mis sentimientos ante sus palabras-. Te haces cubano y puedes acceder a trabajos que, por razones de seguridad, sólo están reservados a cubanos.

-¿Y mi lucha contra Pinochet?

-¡Guanajerías! ¡Olvídate de Chile por muchos años! -Es mi patria.

-A tu patria la puedes servir mejor integrándote a la Revolución cubana. Como van las cosas, es probable que a Chile lo libre sólo una nueva generación de líderes. Los viejos políticos de izquierda, instalados en Europa, seguirán aferrados al inmovilismo. Nunca, óyelo bien, nunca conquistarán el poder, a lo más terminarán por cerrar una alianza con los militares para disfrutar las migajas del poder político. Hazte cubano, chico, te lo está ofreciendo el comandante Ulises Cienfuegos.”

Este es un fragmento de la novela autobiográfica “Nuestros años verde olivo” del afamado escritor chileno Roberto Ampuero. La novela es un tajante testimonio y cuenta la historia de un joven chileno que tras el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, decide exiliarse en La Habana y se enamora de la hija del comandante Ulises Cienfuegos.

Precisamente “Nuestros años verde olivo” es -según su autor- una de las novelas chilenas que han sido censuradas por el gobierno cubano, las otras dos son “Persona non grata” de Jorge Edwards y “Confieso que he vivido” de Pablo Neruda.

Esta censura fue una de las razones por la que Ampuero criticó duramente la visita, el año pasado, de Michelle Bachelet a Cuba –Presidenta de Chile por ese entonces- para inaugurar la Feria del Libro en Cuba. En su momento, el artista consideró este viaje como un asunto moral y ético ya que un presidente (se refiere a Bachelet) que ha vivido y ha sufrido los rigores de la dictadura de Augusto Pinochet no puede ir a un país donde hay una dictadura desde hace 50 años. "No es posible que un Gobierno vaya a inaugurar una feria y con esto legitime un política de censura contra los autores de su propio país", afirmó Ampuero y a su vez expresó refiriéndose a Raúl Castro: "Todo esto es un show mediático. Yo lo reto a que permita la circulación de libros chilenos y de autores cubanos que viven en el exilio. Cuando dé ese paso, estaré convencido de que esto no es una reacción.

Este reconocido escritor que por los años setenta fuera un joven seguidor del modelo socialista cubano, hoy contrasta la Cuba actual con aquellos años y reconoce que los exiliados que arribaron a la isla no pudieron extraer de ese modelo ninguna lección sobre democracia ni economía ni derechos humanos. “…aprendimos pronto algo traumático: el modesto Chile de entonces, que anhelábamos convertir en socialista, era más democrático, pujante y próspero que el modelo que pretendíamos imitar.” Aseveró el escritor en un interesante análisis sobre los dos modelos: Chile y Cuba, publicado por Diario Miami Herald y que reproduzco a continuación:

ROBERTO AMPUERO: Chile y Cuba: dos modelos

El Nuevo Herald
18 setiembre 2010
Por: Roberto Ampuero

Este 18 de septiembre Chile conmemora el bicentenario de su independencia política. Millones de chilenos dejan estos días sus ciudades o el país para celebrar un desarrollo que los enorgullece y en el cual confían. Notables los últimos tres decenios de ese país de 16 millones de habitantes, ingreso per cápita de 15,000 dólares y economía abierta. Después de la traumática polarización nacional bajo Salvador Allende y la represión bajo Augusto Pinochet --dictadura que asimismo sentó las bases de la exitosa economía actual--, Chile exhibe hoy logros en exportaciones, prosperidad material y cultural, reducción significativa de pobreza y estabilidad, y es visto en la región como un modelo atractivo.

En el bicentenario del país donde nací no puedo olvidar la isla donde pasé años cruciales de mi juventud y extraje lecciones para toda la vida. Desde mediados de los 60 la isla fue un modelo para la izquierda chilena, visión utópica que se instaló en La Moneda en la administración de Allende. Cuán equivocados estábamos quienes veíamos en el socialismo una alternativa lo demuestra el presente: por un lado tenemos un país con democracia sólida, a punto de convertirse en nación desarrollada, y por el otro a uno con economía agónica, que reprime, niega las libertades individuales y exilia a parte de la nación. Los exiliados que arribamos en Cuba en los setenta aprendimos pronto algo traumático: el modesto Chile de entonces, que anhelábamos convertir en socialista, era más democrático, pujante y próspero que el modelo que pretendíamos imitar. De Cuba un chileno no podía extraer lecciones sobre democracia ni economía ni derechos humanos.

¿Lo supo también Allende? Allende, que ganó muchas elecciones en su trayectoria, fue un revolucionario demócrata, y su visión utópica causó la polarización que nos dividió fatalmente. Pero, a diferencia de Castro, que nunca ganó elección en buena lid, creía en las elecciones y en que alcanzaría una mayoría para construir el socialismo. Inquieto por la sombra que le proyectaba esa alternativa, Castro liquida a su amigo mediante dos estocadas: en 1971 viaja a Chile en visita de 10 días y permanece 30, sin que Allende pueda deshacerse de él. Sus maratónicos discursos alarman a los sectores medios y altos de Chile. Luego Castro fortalece su apoyo militar al MIR y sectores radicalizados de la Unidad Popular, creando la oposición de izquierda a Allende. Si la vía de este era posible o no, no importaba. La misma izquierda procastrista que exigía la vía armada, la abortaría.

Después, como en el caso de Frank País, Camilo Cienfuegos o el Che Guevara, Castro se apoderó en beneficio propio de la imagen de Allende, algo que aún intentan corregir los chilenos. Al obsequiarle el fusil con que Allende debía defender su revolución pacífica, le obsequió en rigor el arma con que lo mataría. Bajo Pinochet, Castro continuó interviniendo en Chile: preparó guerrilleros que debían derrotar al ejército chileno y construir el socialismo, y que en democracia devinieron combatientes internacionales, terroristas, delincuentes comunes o desmovilizados. Hoy Castro no le perdona a la izquierda chilena renovada su escaso entusiasmo por La Habana y sus condenas de la violación de derechos humanos en la isla. Para él, son desagradecidos. Tampoco ve con buenos ojos que los chilenos escogiesen este año sin dramas un presidente de centroderecha, solidario con los cubanos demócratas. Chile representa para Castro su peor derrota continental, porque al final el modelo no era el suyo sino el de un país que se le escapó de las manos. Al conmemorar nuestro bicentenario, pienso en Cuba y en la inevitabilidad de que será democrática y próspera nuevamente.

Breve sobre Roberto Ampuero:

Nació en Valparaíso, en 1953, y actualmente vive en Estados Unidos, donde realiza cursos de posgrado, y enseña en la Universidad de Iowa y en el Middlebury College. Estudió en el Colegio Alemán de su ciudad y natal y, hasta el golpe de estado, cursó antropología social y literatura latinoamericana en la Universidad de Chile. En 1973 abandonó el país. Ha vivido en Cuba (1973-79), donde estudió literatura, Alemania del este (1980-83), Alemania Federal (1983-94), Suecia (1997-2000) y desde el 2000 en Estados Unidos.
Es autor de la popular saga del detective privado de origen cubano Cayetano Brulé, que en Chile ha superado la barrera de los 100.000 ejemplares vendidos, y que también ha sido editada en Francia, Italia, Alemania, Portugal, España y otros países. Sus novelas policiales comprenden “¿Quién mató a Cristián Kustermann?”, “Boleros en La Habana”, “El alemán de Atacama” y “Cita en el Azul profundo”. También ha generado gran impacto editorial su novela autobiográfica “Nuestros años verde olivo”, que narra la experiencia del exilio chileno en Cuba. Sus cuentos fueron publicados en “El hombre golondrina”, y una novela para jóvenes en “La guerra de los duraznos” (Editorial Andrés Bello), que relata la historia de niños de Valparaíso durante la dictadura de Pinochet.

CUBA FICCIÓN

EL ANÁLISIS

Bertrand de la Grange

Lo bueno de las cacareadas reformas de Raúl Castro es que están condenadas al fracaso. En lugar de salvar al régimen, ese remedo de capitalismo que propone el dictador cubano podría acabar de hundirlo. Por este motivo, y sólo por este, hay que celebrar unas medidas que van a exacerbar las contradicciones internas y provocar fisuras dentro de la propia nomenclatura.

En sus desvaríos poscomunistas para mantenerse en el poder a cualquier precio, los hermanos Castro están apostando a un capitalismo sin capital, sin propiedad privada y bajo el control férreo del Estado. Más que una paradoja, es un contrasentido, como lo ilustra el despido arbitrario de cerca de 500 mil empleados públicos. Una nueva ley les permitirá trabajar por cuenta propia en unas pocas actividades económicas (peluquería, taxi o agricultura, por ejemplo) que no podrán, sin embargo, absorber toda esa mano de obra. Además, otros 800 mil puestos estatales serán suprimidos en los próximos tres años, según el plan anunciado por el Gobierno. Todos esos trabajadores tendrán que buscarse la vida, pero bajo unas reglas restrictivas que son una afrenta a la libertad de empresa.

Raúl Castro no ha tomado esa decisión porque esté convencido de que el socialismo no tiene futuro. Lo ha hecho porque el Estado está quebrado y no puede seguir pagando salarios a millones de cubanos cuya productividad es casi nula. Y no producen porque reciben una paga miserable —menos de veinte dólares al mes en promedio—, que no les incita a trabajar. Con los despidos, el Gobierno se quita un problema de encima, pero se desentiende de las consecuencias.

…Los Castro conocen al dedillo esas dos experiencias y, hasta hoy, no han dado un solo paso que pudiera poner en peligro su hegemonía sobre la vida de sus 11.2 millones de súbditos. Están apostando a un sistema a dos velocidades: negocios jugosos para la nomenclatura, que se apropia de los recursos del Estado, tal y como ocurrió en el momento del derrumbe de la URSS, y actividades de supervivencia para todos los demás. La isla, sin embargo, no tiene las riquezas mineras ni las empresas gigantes que permitieron a la cúpula soviética pasar del comunismo al capitalismo y repartir migajas al resto de la población.

La nomenclatura cubana está ante una disyuntiva: conformarse con una dirección política incapaz de revitalizar una economía moribunda o sacársela de encima y desmontar el tinglado burocrático, empezando por la Constitución estalinista que impide el cambio real. Esa segunda opción sería un golpe de Estado, algo que nadie se atreve a comentar en Cuba, donde el Ejército no ha levantado cabeza desde que Fidel Castro mandó fusilar al general Arnaldo Ochoa en 1989. Hoy, a raíz de su grave enfermedad, el Líder Máximo ya no instila miedo en los mandos militares y ha perdido gran parte de su autoridad.

No sería sorprendente que algunos oficiales hayan empezado a barajar el proyecto de desbancar a los hermanos Castro. Si llegaron al poder por las armas, no sería nada sorprendente que se fueran de la misma manera. Cuba tiene muchos lugares tranquilos para recibirlos, empezando por la isla de la Juventud, donde estuvieron presos en tiempos del general Batista, que, por cierto, los trató a cuerpo de rey”.

Autor: La Razón. México D.F., 18 de septiembre de 2010
Fuente: Infolatam

Bertrand de la Grange
Maestría en Ciencias Políticas en el Instituto de Estudios Políticos de Grenoble (Francia). Corresponsal del periódico Le Monde en Canadá (1979-1986) y en México y Centroamérica (1987-1999). De junio de 1999 a julio de 2000 ocupó el cargo de portavoz y jefe de prensa de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Guatemala. Productor y realizador de reportajes y documentales para varias televisoras. Es coautor de los libros "Marcos, la genial impostura" (México, París y Madrid, 1998) y "¿Quién mató al obispo? Autopsia de un crimen político" (México, 2003, y Madrid, 2005).

NAZISMO CARIBEÑO: "LA PERSECUCIÓN DE LOS HOMOSEXUALES EN CUBA"

Por: Daniel Fernández

El tiempo, o quizá un mecanismo piadoso de la memoria, hace que con los años se borren de los recuerdos los hechos más desagradables o dolorosos. Sin embargo, siempre hay cosas que no se olvidan, ni aun queriéndolo. La pregunta que le hiciera la periodista Carmen Lira de La Jornada, de México, a Fidel Castro sobre la persecución a los homosexuales en Cuba y la institución de los campos de concentración conocidos como UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), que funcionaron de 1965 a 1968, ha vuelto a poner en primer plano ese episodio tenebroso de la historia cubana.


¿Qué es lo primero que recuerdo del inicio de tantos horrores? Quizá sea la noticia de que Cristóbal -- he olvidado su apellido -- había sido detenido en la zona de El Vedado y enviado a uno de esos campos terribles de trabajo forzado en la provincia de Camagüey.

No sabría decir si lo más inmediato que sentí fue el asombro o la cólera; pero lo que sí se quedó para siempre, por todos los años que aún habría de vivir en Cuba, fue un miedo atroz. Ese miedo se apoderó de todos los que éramos sus amigos, un grupo de creadores principiantes que frecuentábamos el círculo de la pintora Loló Soldevilla y su esposo, el cronista Miguel Angel Ponce de León (‘‘Poncito'' hijo del famoso pintor Fidelio Ponce de León).

Aunque en aquel grupo de jóvenes y no tan jóvenes muchos nos identificábamos con la Revolución, hasta los entonces más convencidos de las bondades del socialismo, como los dramaturgos Fermín Borges y Héctor Santiago, se alarmaron e indignaron ante el establecimiento de semejantes campos de concentración. Pronto su indignación se convertiría también en miedo y terminarían abandonando el país.

En esos años se organizaron "recogidas'' en los centros nocturnos como la cafetería del Hotel Capri, la heladería Coppelia, y hasta a la salida del Teatro Nacional García Lorca. Se aparcaban ómnibus en los que se introducía a la fuerza y atropelladamente a todas las personas.

En la estación de policía los detenidos debían probar su inocencia mostrando documentos que los identificaran como integrados a la revolución (carnet del Comité de Defensa, del sindicato o de alguna filiación gubernamental). Los que no pudieran hacerlo eran enviados a los famosos campos donde el esclarecimiento de su situación podía necesitar meses y "la palanca'' de alguien con poder que pudiera ayudar al inocente detenido. Esto claro, si la persona -- hombre o mujer entiéndase bien -- no era homosexual, ni testigo de Jehová, ni "desafecto'' a la revolución.

Al cabo de un tiempo, las "recogidas'' en ómnibus cesaron, pero el envío de personas a esos campos continuó, sólo que los métodos se hicieron más sofisticados. Por ejemplo, al esposo de una de mis primas lo fueron a buscar a la peletería donde trabajaba. Denunciado como desafecto por la "chivata'' (la informante) de la cuadra, sin que avisaran a su familia, estuvo desaparecido por meses.

Cuando ya mi prima, después de haberlo buscado por hospitales, morgues y estaciones de policía, lo daba por muerto en el mar (pensaba que había escapado en balsa sin decirle nada para no comprometerla), recibió una carta, enviada clandestinamente desde Camagüey, donde él le contaba su odisea. Lo tenían en un campo de concentración de trabajos forzados, por el simple hecho de no participar en las organizaciones revolucionarias. Ese es sólo un caso del que puedo dar fe; pero hubo miles similares.

En muchas ocasiones, la denuncia era motivada por los deseos de alguien de los Comités de Defensa de la Revolución (informantes voluntarios del gobierno) o de la policía secreta que quería ejercer una venganza personal, o como en el caso de otro amigo, apoderarse del desvencijado cuartico que tenía éste en un solar.

Yo no fui enviado a la UMAP porque en esos días me llamaron al Servicio Militar Obligatorio (SMO), y cuando me detenían en la calle --cosa que pasaba a diario-- tenía un carnet militar que me amparaba. Aunque la persecución no terminaba nunca para los homosexuales, pues en el SMO se nos tendían "trampas'' que sólo puedo calificar de ingenuas y asquerosas. Si alguno caía, era entonces "degradado'' del ejército y enviado a la UMAP.

Muchos se suicidaban, otros enloquecían. Incluso sólo por el temor a que los ‘‘recogieran''. Mi amigo Benjamín (ya tampoco recuerdo su apellido), inédito poeta, se dio un tiro en la cabeza con el revólver de su padre miliciano.

Los que usaban los barbitúricos a veces sobrevivían. Recuerdo muchos jóvenes de mi generación que llevaban en el cuello como "roja insignia del coraje'' la cicatriz de la traqueotomía que solía hacerse en aquellos tiempos a los envenenados para darles respiración mecánica durante el coma.

Algunos de estos sobrevivientes suicidas, malvivían con problemas nerviosos, y hasta lo volvían a intentar. Muchos lo lograban a la segunda o tercera vez. Fueron notorios los casos de alumnos de la Escuela de Letras de la Universidad de La Habana que se precipitaban de la azotea de ese edificio.

Más que el miedo a los trabajos forzados, los abusos y las humillaciones constantes en esos campos de concentración, lo que los llevaba a esa salida desesperada era la humillación y degradación a la que eran sometidos. No es nada fácil al sobrevivir el ser tratado como un apestado en su propio país y que hasta la propia familia lo esquive a uno.

Porque es preciso recordar que esta medida persecutoria fue acogida con entusiasmo por muchos. En la mencionada entrevista a Castro, aunque éste admite a medias la culpabilidad, "quizá fuimos nosotros los culpables'', atribuye el surgimiento de esos campos organizados y mantenidos por el aparato gubernamental a un brote de homofobia. Es cierto que hubo un brote homofóbico, pero fue la consecuencia, no la causa de las UMAP. Antes de Castro hubo siempre una gran tolerancia para la homosexualidad y no sólo grandes figuras de la farándula y las artes eran homosexuales bastante conocidos, sino que muchos actuaban como transformistas muy bien pagados como Musmé, Lou Mitsouko, Mae Lans y otros.

La UMAP y la persecución a los homosexuales cumplía fundamentalmente la función de instituir el miedo en la población, buscar un chivo expiatorio contra el que los frustrados y envidiosos de siempre pudieran descargar su odio, y sobre todo, ir probando fuerza para una represión que iría siempre en aumento hasta que todas las libertades individuales fueran conculcadas.

La UMAP fue una copia de los campos de concentración nazis. Las recogidas en la calle ante los ojos de todos los transeúntes, las cercas electrificadas, el atropello de miles de inocentes, el trabajo forzado, el despojo de toda dignidad humana al individuo encarcelado, incluso el macabro detalle de que a la entrada de las horrorosas prisiones rurales desplegaron un letrero que decía: "El trabajo los hará hombres'', el de los campos de Hitler decía: "El trabajo los hará libres''.

Cuentan los que lo conocieron en sus años juveniles que Castro leía mucho Mi lucha, de Adolf Hitler, autor intelectual de esos lugares donde perecieron millones de personas. Parece que quiso imitarlo; aunque ahora quiera minimizar su culpa. Por suerte, aunque a muchos les costó la vida o la sanidad mental, las UMAP no resultaron tan trágicas como los campos de concentración nazi, pero éticamente fueron igual de monstruosas.

Para los que vivimos esa época, aun sin haber caído en ninguna redada, el horror no puede borrársenos de la piel; porque no sólo teníamos familiares y amigos que vivieron la experiencia en carne propia, sino que en todas partes se escuchaban los comentarios de alguien que había "caído en la recogida'' o que había muerto en la UMAP. Incluso figuras muy conocidas, el cantante Pablo Milanés fue uno de ellos. El gran dramaturgo Virgilio Piñera fue encarcelado en una recogida, y aunque el propio Nicolás Guillén fue a liberarlo, el pobre genio de las letras cubanas vivió toda su vida amedrentado.

El daño que hizo la UMAP a Cuba es irreparable, no sólo por sus secuelas para la cultura y la vida social de la nación, sino que fue una primera chispa de maldad que puso a unos cubanos contra otros, dando legitimidad a todo el que quería saciar sus miserias en alguien que no tenía manera de defenderse. De esa tara humana tardará mucho ese país en reponerse.

Castro ha reconocido --aunque ambiguamente-- su culpabilidad, quizá movido por circunstancias políticas, o quizá tratando de mejorar su imagen --casi póstuma-- quitándose algunos crímenes de su haber. No queda claro a quiénes se refiere cuando dice ‘‘nosotros''; pero lo cierto es que la mancha no es suya sola. Los carceleros, guardias, e informantes tuvieron la culpa directa de aplicar el suplicio y la burla, el golpe, el bayonetazo a las víctimas. cuyo único delito era haber nacido en un país enloquecido.

Esa culpa, al cabo de casi medio siglo, sigue ejerciendo su presión sobre una nación donde imperan todas las manifestaciones de la miseria. El episodio de la UMAP es sólo un símbolo de lo que ha sido ese sistema, la persecución sistematizada del individuo, la imposición de la política del miedo y la transformación de gran parte del pueblo en una masa de oportunistas, envidiosos y farsantes dispuesta a atropellar a los débiles, como aún sucede con las Damas de Blanco.

Sí, hay cosas que no se olvidan, que no deben olvidarse.
 
Fuente: El Nuevo Herald
setiembre 2010

La jugada de Fidel Castro

TRIBUNA: ANDRÉS OPPENHEIMER

Todo el mundo que está siguiendo las últimas noticias de Cuba se hace la misma pregunta: ¿Qué diablos está tramando Fidel Castro?

Desde el mes pasado, cuando hizo su primera aparición pública en cuatro años, el oficialmente retirado dictador cubano -que cumplió 84 años la semana pasada- no ha parado de mostrarse en público y acaparar los titulares.


Proclamándose completamente recuperado de la dolencia intestinal que en el año 2006 lo obligó a delegar la presidencia en su hermano, el general Raúl Castro, Fidel Castro ha hecho más de una docena de apariciones públicas desde que lo fotografiaron mientras visitaba el Centro Nacional de Investigaciones Científicas el 7 de julio pasado.

¿Está tratando de socavar la imagen de su hermano Raúl, o está tratando de ayudarlo? Hay por lo menos cinco teorías sobre lo que hay detrás del súbito retorno de Fidel Castro a la luz pública:

- Teoría número 1. Lo hace para mandar un contundente mensaje a los cubanos -incluyendo a su hermano Raúl- de que no hay que desviarse de la ortodoxia comunista en momentos en que los problemas económicos de Cuba están impulsando a muchos en la isla a pensar en reformas económicas de libre mercado.

"Castro está tratando de reafirmar los dos fundamentos esenciales de la revolución cubana: la postura antiestadounidense y el internacionalismo", escribe Jaime Suchlicki, director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-americanos de la Universidad de Miami en un artículo titulado: ¿Qué está buscando Fidel Castro?

- Teoría número 2. Fidel Castro está reapareciendo en público para brindar apoyo a su hermano Raúl, y para enviar un fuerte mensaje al ala intransigente del Partido Comunista Cubano en el sentido de que respalda las reformas económicas limitadas propuestas por Raúl.

"Al hacerse tan visible, Fidel Castro está enviándole un mensaje a la línea más dura del Partido Comunista diciéndole: 'Yo estoy lúcido, estoy al frente, y estoy al tanto del mundo, y no quiero que nadie intente nada contra él", me dijo en una entrevista telefónica el disidente cubano Guillermo Fariñas, quien se recupera en su casa en Santa Clara, Cuba, después de una huelga de hambre de 135 días.

- Teoría número 3. Está tratando de acaparar los titulares internacionales para eclipsar la noticia de la muerte del preso político cubano Orlando Zapata Tamayo, y de las protestas de los disidentes que le sucedieron, que constituyeron un dolor de cabeza para la diplomacia cubana. Hasta la reaparición de Fidel Castro, las noticias internacionales sobre Cuba se concentraban en la muerte de Orlando Zapata Tamayo y las protestas de los disidentes. Hoy, las noticias se centran en Fidel Castro.

- Teoría número 4. Está tratando de acaparar los titulares para distraer la atención mundial del reciente acuerdo del régimen cubano con la Iglesia católica para la liberación de 52 presos políticos, y de la subsiguiente liberación -o más bien, de la deportación forzosa- de 21 de ellos.

Además de desviar la atención mundial de los disidentes, Fidel Castro trata de desviar la atención dentro de la isla, para evitar que los cubanos interpreten las recientes liberaciones de prisioneros políticos como un signo de debilidad del Gobierno, algo que podría estimular a los opositores pacíficos a redoblar sus manifestaciones antigubernamentales.

"Como buen político que es, está tratando de opacar la liberación de los 21 presos políticos que están en el extranjero, y de que cuando se hable de Cuba se hable de él, y no de las liberaciones", me dijo Fariñas.

-Teoría número 5. Es una cuestión de ego. Fidel Castro -el campeón del narcisismo-leninismo- no podía aguantar seguir jugando el papel de editorialista invisible de asuntos internacionales al que ha estado limitado durante los últimos cuatro años. Ahora que siente que su salud ha mejorado, no ha podido evitar volver al ruedo con bombo y platillo.

En mi opinión, posiblemente haya algo de cierto en las cinco teorías, pero creo que lo más cercano a la realidad es una combinación de las tres últimas.

No es una coincidencia que la primera aparición pública de Fidel Castro haya sido el 7 de julio, el mismo día en que la Iglesia cubana anunciaba el acuerdo con el régimen para la liberación de prisioneros políticos. Y no es casual que la primera aparición de Fidel Castro en la televisión cubana fuera el 12 de julio, apenas horas antes de que el primer grupo de prisioneros liberados llegara a España y empezara a contarle al mundo sobre los horrores de las cárceles cubanas.

Fidel Castro intenta que los medios de prensa nos concentremos en él, en lugar de en lo que están diciendo las víctimas de su dictadura militar hereditaria. Y lamentablemente todos estamos cayendo en su trampa.

Autor: Andrés Oppenheimer es corresponsal extranjero y columnista de The Miami Herald y El Nuevo Herald. © 2010 El Nuevo Herald. Distribuido por Tribune Media Services International.
Fuente: http://www.elpais.com/articulo/opinion/jugada/Fidel/Castro/elpepiopi/20100825elpepiopi_5/Tes

Todo el poder para la demencia senil

Por CARLOS ALBERTO MONTANER


El día 13 de agosto Fidel Castro cumple 84 años. Hace pocas semanas Raúl alcanzó los 79. Son dos ancianitos. Es verdad que Fidel parece haberse recobrado de la gangrena intestinal que casi lo liquidó, pero los síntomas de deterioro mental continúan vigentes. El diagnóstico que sotto voce manejan sus médicos cubanos es ``demencia vascular'', dado que en el pasado tuvo varios espasmos cerebrales transitorios que fueron minando su salud mental con un efecto acumulativo.


En efecto, Fidel exhibe casi todos los síntomas que describe la Clasificación Internacional de Enfermedades que publica la Organización Mundial de la Salud (OMS). Tiene dificultades en el habla, coordina torpemente sus movimientos, repite ideas paranoides y ríe en circunstancias imprevisibles. Es un viejito loco y travieso con escasos momentos de lucidez que utiliza para contar antiguas batallas o para tratar de deslumbrar al interlocutor con su infinita sabiduría, rasgo clásico del narcisista incurable que ha sido siempre.

Para Raúl, el cuadro de deterioro mental de Fidel no es sorprendente. Ramón Castro, sólo diez meses mayor que Fidel, está prácticamente loco, como le sucede a Angelita, la más vieja de todos los hermanos Castro Ruz. Pero lo grave no es que Fidel haya regresado de la sepultura, algo que Raúl no tenía en sus planes, sino que ha vuelto dispuesto a cogobernar, pese a su penoso estado psíquico, que él no es capaz de percibir y nadie se atreve a revelarle. En los cálculos de Raúl, como en el de casi todos los cubanos, a estas alturas del partido Fidel ya habría estrenado el panteón enorme que para él fabrican en La Plata, donde el Comandante tuvo su campamento cuando luchaba en la Sierra Maestra.

Tal vez eso explique la tímida naturaleza de los pequeños cambios anunciados el 26 de julio. Todo sigue igual, como exige Fidel. Raúl afirmó que continuarán la planificación centralizada de la economía y los principios del régimen comunista, incluida la ausencia de libertades políticas y civiles. No obstante, avanzan hacia el pasado. Se repliegan, lentamente, sin decirlo a las claras, a 1968, cuando Cuba era, como hoy, una dictadura militar colectivista, pero con cierta actividad económica menor en manos privadas que hacía más llevadero el desastre marxista-leninista.

En ese año, Fidel decidió que Cuba sería el más comunista de los países y, contra el criterio de muchos dirigentes, lanzó la ``ofensiva revolucionaria'' para acabar con los hábitos burgueses de los cubanos emprendedores, tipos despreciables y explotadores que se movían por estímulos materiales. De un manotazo cruel e innecesario, Fidel destruyó todo el pequeño tejido empresarial que les hacía la vida más llevadera a los cubanos.

En Cuba, pues, habrá parches y no reformas estructurales, lo que ha provocado el desencanto de casi toda la población, incluidos los miembros del Partido Comunista que en el 2007, espoleados por el propio Raúl, pidieron cambios profundos que les devolvieran a los cubanos el control de sus vidas y les dieran la posibilidad de crear riqueza para beneficio propio y de la colectividad. Más de un millón de sugerencias llegaron a la oficina de Raúl y la mayor parte pedía apertura, mercado y libertades. O sea, un millón de “revolucionarios” frustrados por la actuación de Raúl, en quien habían depositado ciertas esperanzas.

La pregunta que se hacen hoy los cubanos, los comunistas del poder y los demócratas de la oposición, es qué va a pasar en el país cuando los hermanos Castro, finalmente, mueran o la demencia senil los ponga fuera de combate. Es posible que Raúl crea que su hijo Alejandro pueda continuar la dinastía militar, como Kim Jong Il en Corea del Norte o Bachar Al Assad en Siria, herederos de las satrapías fundadas por sus padres, pero en Cuba es difícil que eso ocurra, dada la falta de legitimidad histórica del joven militar y el desaliento profundo que existe en la cúpula dirigente. ¿Por qué un partido comunista y un ejército desmoralizados por más de medio siglo de fracasos van a obedecer a un oscuro oficial de inteligencia, hijo de un hombre que los defraudó totalmente, si lo que prevalece entre ellos es el deseo de un radical cambio de sistema? Por no hacer una reforma profunda, Raúl va a provocar el hundimiento de la revolución. Tal vez ése sea su mejor aporte a la historia de Cuba.
 
 
El Nuevo Herald/8 de agosto de 2010
 
 
 
 
 
 
 
 

Sociopatología del vasallaje

Por Néstor Díaz de Villegas

Hollywood/18 de agosto de 2010

El exiliado cubano que va de visita a su país sanciona, tácitamente, el cruel sistema de diezmos castrista: veinte por ciento de cada dólar, o diez por ciento de cada euro, va a parar a las arcas del ingenioso hidalgo.

Deberá pagar, de contra, precios hiperinflacionarios por productos de fabricación china, que se adquieren por mucho menos, digamos, en las tiendas ¡Ño qué barato! Nuestro emigrante regatea en Publix, en el Sedano’s o en El corte inglés, y en cuanto aterriza en La Habana, no tiene escrúpulos en entregar el salario de un mes (en CUCs) por un pernil de puerco.

El viajero cubano que regresa al cabildo acepta desconectarse de la Internet, mantenerse al margen de la blogosfera, y renunciar a Google, a Facebook y a Diario de Cuba. (Mientras esté en Guanabacoa, por favor, evite leerme).

El pasaporte que necesita para poder entrar en su propia tierra es el timbre feudal que lo mantiene atado, arbitrariamente, al sistema tributario castrista. Es vox populi que el exilio, ese Tercer Estado constituido por los expatriados y los excluidos —aunque no tenga, o aspire a tener nunca voz ni voto— suple la economía nacional con la astronómica suma de mil millones de dólares anuales.

Sin embargo, nuestro turista sigue proclamándose, en cualquier encuesta y en cualquier esquina, perfecto anticastrista. Ve con horror el sistema político de su país, abjura de la barbarie totalitaria, y a veces, en momentos de desvarío, se sueña ajeno a su circunstancia. Vive convencido de que logró distanciarse de Cuba con sólo emigrar a Madrid o a Hialeah, y de ningún modo se reconoce como parte de "ese régimen", a pesar de ser la pieza maestra del mismo.

El déspota entendió esta paradoja, por lo menos desde 1978, al implementar los viajes de la Comunidad (otra mala pasada de Jimmy el Humanitario). Aprovechándose de la sociopatología del vasallo —y con la ayuda de Carter— el patriarca de Birán se adueñó del exilio: desde entonces somos su familia, en el sentido de consanguinidad fiduciaria. Marx dijo que el Capital viene al mundo "embarrado de sangre y mierda". Nosotros somos la mierda, pero también la sangre del castrismo.

En último análisis, la camisa de poplín verde que estrenó el Comandante en su cumpleaños, el carterón de marca que llevaba al hombro Mariela Castro en su viaje a Berlín, las gafas de Óptica López que lució Alejandro Castro Espín en la presentación del libro Imperio del Terror, son —si se estira un poquito la imaginación— regalías de la Diáspora, la canasta de faisanes y viandas depositada a las puertas del Castillo.

Nosotros le llenamos la panza a una prole que aumenta de año en año, y lo más cómico es que los Castro lo saben, y cuentan con nuestras remesas. Como también saben que no hay absolutamente nada que hacer, que estamos aherrojados de pies y manos, que el negocio del vasallaje no sólo es redondo sino indispensable.

El castrismo genético se complica con cada generación, con cada alumbramiento, con cada cesárea, con cada sonograma, con cada sanguijuela que le nace al Estado, ese monstruo de las siete cabezas. Sin embargo, cuando se habla de formalizar el feudalismo —que es otra manera de decir el fidelismo— los vasallos ponen el grito en el cielo.

Los viajeros venales, los pagadores de promesas, los traficantes de diplomas y cotorras, los argollados a la terminal aérea, los jineteros y las mulas, montan en santa cólera. Aceptan el canje de dólares por chavitos, de herejes por chivatones, y el de turistas por criminales, pero nunca, jamás, ser llamados súbditos

Fidel visita a los delfines hembra

"Todo el sistema ideado por Fidel es reflejo de esta tiranía patriarcal paranoico-obsesiva, y todo es dentro de ese mundo anacrónico, servil, reidero y a la vez muy triste. Véase, si no, este relato bizarro de Prensa Latina sobre otra de las apariciones-relámpago del Comandante: en este caso, Fidel visita deleitado el acuario de La Habana."

Por: Pablo Díaz de Brito

Periodista y miembro de la
Red Puente Democrático Latinoamericano.


Estamos en pleno festival de reapariciones de Fidel. La más impactante, sin dudas, cuando el comandante se muestra en una entrevista en TV este lunes (12 de julio de 2010), mientras los primeros presos liberados hacen sus valijas y marchan al exilio. Fidel, sin embargo, no habla de ese minúsculo asunto doméstico: él se dedica a la alta política mundial, a analizar, como si fuera un experto, los conflictos de Corea del Norte y de Irán, dictaduras horripilantes que llena de alabanzas y defiende con su acostumbrado énfasis monocorde, amonestador.


El periodista –digamos- de Mesa Redonda, Randy, una especie de mayordomo televisivo del anciano verborrágico, asiente, acompaña, subraya, sonríe. Incluso cuando Fidel afirma monumentales disparates. Como cuando vaticina no una sino dos guerras nucleares y por efecto dominó: la primera, contra Irán, y acto seguido otra, contra ese idílico régimen de Corea del Norte que tanto le gusta. Se suponía que sobre este asunto Fidel se había equivocado y rectificado, pero después de unos minutos su ego no supera la prueba y reitera el pronóstico nuclear de su última y frondosa Reflexión: habrá doble guerra nuclear. Y Randy, el sirviente de la Mesa Rendonda, secunda con monosílabos afelpados estos delirios de su amo.

Está claro viéndolo y escuchándolo que ni se sueña plantear un prudente "pero, mi Comandante". El programa por sí solo prueba que Cuba es una dictadura, y que además esta tiranía vive en una densa burbuja de anacronismo. Hacía rato que no se veía una entrevista así. Recuerda las de los tiempos del Proceso argentino. La estética, la narrativa televisiva, es tan anticuada como los equipos de transmisión. Los planos, la edición, todo es de los primeros años 70. Se podría cambiar a Fidel por Galtieri y a Randy por Gómez Fuentes y todo cuadraría perfecto.

La entrevista es un signo seguro del esclerosamiento terminal del régimen, del dogma destartalado que lo sostiene, y sobre todo de ese cuadro de paranoia narcisista propio de los dictadores, cuyo ego se ha acostumbrado a que los demás, a que todo un país, los siga en sus delirios, so pena de la temida acusación de "traición". La mirada de Fidel busca imperativamente a Randy a cada parrafada, le exige su asentimiento incondicional. El cuadro recuerda a esos viejos patriarcas que aún en su última vejez siguen tiranizando y humillando a sus hijos adultos.

Todo el sistema ideado por Fidel es reflejo de esta tiranía patriarcal paranoico-obsesiva, y todo es dentro de ese mundo anacrónico, servil, reidero y a la vez muy triste. Véase, si no, este relato bizarro de Prensa Latina sobre otra de las apariciones-relámpago del Comandante: en este caso, Fidel visita deleitado el acuario de La Habana. Relata Prensa Latina: "...después de repasar con visible alegría fotos y recuerdos de los días de la reinauguración del acuario en el 2002 y saludar a una amplia representación de los trabajadores, Fidel Castro fue invitado a presenciar el espectáculo submarino de los delfines, único de su tipo en el mundo.... Tres delfines hembra, de alrededor de siete años de edad, son las estrellas del emotivo espectáculo, que atrae desde antes de comenzar, cuando los entrenadores inician su comunicación con los animales". El informe periodístico sigue en este tono, mezcla de Sucesos Argentinos de los 60 y revista Hola de los tiempos de Franco, y resulta invenciblemente cómico. Un Mel Brooks auténtico en versión caribeña.

Lástima que este periodismo de régimen sea de hoy, de esta semana, que se haga al mismo tiempo que, en Madrid, los presos políticos recién liberados dan cuenta de su cruel situación, del limbo legal al que fueron forzados: no son asilados ni tampoco inmigrantes. “No soy inmigrante, no vengo de la playa de Varadero, vengo de la cárcel”, señala con amargura enorme uno de ellos. Esta condición indefinida y sádica es parte del negociado que pergeñó España en La Habana. Aquellos que no aceptaron este trato se quedaron en Cuba. En la cárcel.

Fuente: http://www.cadal.org/articulos/nota.asp?id_nota=3508

Héroes de nuestro tiempo

"Uno de los rasgos más repugnantes de la dictadura caribeña ha sido su vieja costumbre de regalar presos a los políticos occidentales que iban a hacer el besamanos al dictador, para que ganaran bonos en sus países como salvadores y dieran testimonio de lo flexible que podía ser el régimen cuando era tratado con comprensión".

EL ANÁLISIS
Mario Vargas Llosa

Que una veintena de presos políticos cubanos hayan sido excarcelados y venido a España con sus familias, y que el Gobierno de Raúl Castro haya prometido excarcelar en los próximos “cuatro o cinco meses” a algunas decenas más es una buena cosa, sin duda, y hay que alegrarse por ello.

…¿Por qué han podido salir de la isla? ¿Por los buenos oficios de la Iglesia católica, “acompañada” del Gobierno español, según la fórmula empleada por el ministro de Asuntos Exteriores Miguel Ángel Moratinos? Mi impresión es, más bien, que el Gobierno cubano, viéndose en una tesitura sumamente difícil luego de la muerte del disidente Orlando Zapata, tras 86 días de huelga de hambre, que provocó condenas en todo el mundo, y la inminente muerte de Guillermo Fariñas que llevaba cerca de 130 días en huelga de hambre, decidió hacer un gesto y se sirvió de ambos para sus propios fines. ¿Cuáles? El primero, desactivar la campaña exterior contra el régimen y levantar algo su desprestigiada imagen institucional.

El segundo, más importante, conseguir mediante estas excarcelaciones que la Unión Europea abandone la Posición Común que suspende toda colaboración económica con el régimen mientras no haya una mejora tangible de los derechos humanos en la isla. Para la dictadura cubana, que vive una situación económica crítica, de la que no sabe cómo salir porque teme que cualquier apertura a la inversión privada y liberalización del mercado la debilite y signifique el principio del fin de la estructura vertical que la sostiene, la cooperación y ayuda exterior son el balón de oxígeno indispensable para alargarle la vida.

Es ingenuo pensar que la excarcelación de unas decenas de presos políticos constituye una reforma sustantiva de la política del régimen contra la oposición. Uno de los rasgos más repugnantes de la dictadura caribeña ha sido su vieja costumbre de regalar presos a los políticos occidentales que iban a hacer el besamanos al dictador, para que ganaran bonos en sus países como salvadores y dieran testimonio de lo flexible que podía ser el régimen cuando era tratado con comprensión. Este innoble tráfico de carne humana en las relaciones públicas puede permitírselo sin riesgo alguno una satrapía cuya reserva de prisioneros políticos es un barril sin fondo, y reemplaza a discreción los presos que ofrece a sus huéspedes importantes.

Por el momento, nada ha cambiado, salvo que -¡en buena hora!- unos cuantos héroes de nuestro tiempo han podido salir de Cuba con sus familias a iniciar la difícil vida del destierro…. No hay una sola disposición, reglamento o ley que sirviera para mandar a la cárcel a los disidentes que haya sido suspendida, abolida o corregida, ni la menor promesa del Gobierno cubano que haga suponer que la excarcelación es el inicio de una política de tolerancia para los objetores.

El Gobierno socialista español cree que sí lo es y este es el argumento con que el ministro Moratinos tratará de convencer a sus colegas de la Unión Europea para que levanten la Posición Común y la sustituyan por una política de apaciguamiento, amistad y “diplomacia silenciosa” que vaya persuadiendo discretamente a la dictadura de que inicie de una vez una apertura real.

Confieso que nunca he entendido por qué un Gobierno democrático, en el que hay un buen número de luchadores contra el franquismo que vivieron en carne propia lo que significa una dictadura totalitaria, lleva a cabo con Cuba una política que, en términos prácticos -son los que importan- solo sirve para prolongar la existencia de una dictadura atroz, que lleva más de medio siglo, y que ha hundido a los cubanos en la miseria, el miedo, la inseguridad y el más cruel despotismo. Y, peor todavía, que constituye una recusación y hostilidad flagrantes contra una oposición que, jugándose la vida y exponiéndose a abusos y represalias vesánicas, lucha para que Cuba alcance lo que tiene España desde la muerte de Franco.

Me lo he preguntado muchas veces y cada vez me parece más difícil encontrar una respuesta que no implique una patética falta de visión, la pequeñez o la ceguera. ¿El acercamiento a la dictadura cubana del Gobierno socialista español es, simplemente, una manera de mostrar un cambio radical de política con la del Gobierno de José María Aznar, quien persuadió a Europa de adoptar la Posición Común? Si fuera así, la política exterior de España no sería más que un juguete sin brújula al servicio de menudas querellas partidistas, sin continuidad, horizonte geopolítico ni moral.

Tal vez, la explicación sea de otra índole. El socialismo español, afortunadamente para España, de socialismo tiene ya solo el nombre (y acaso la nostalgia). Como todos los partidos socialistas del Occidente, el español se ha modernizado, renunciando a los viejos paradigmas ideológicos, la lucha de clases, el estatismo, el colectivismo, el dirigismo económico, y ha terminado por conformarse a realidades que antes combatía con encono, la empresa privada, el mercado, la inversión extranjera, y es, hoy día -aunque nunca lo reconocería en estos términos- un baluarte del capitalismo y de la democracia liberal. Sus diferencias con los partidos conservadores y centristas son menudas e intrascendentes, salvo en la retórica de sus dirigentes, en la que a veces sobrenadan los antiguos clisés de la enterrada ideología.

Me pregunto si la incomprensible e inmoral política del Gobierno socialista español de colaboración con el castrismo no es una manera para sus dirigentes de demostrarse a sí mismos que no es verdad que hayan dejado de ser socialistas, que ahí está la prueba, lo que hacen para salvarle la vida a la acorralada revolución cubana, que, aunque haya cometido muchos errores, es todavía el emblema de aquel socialismo que fue el suyo, cuando eran jóvenes y utópicos y creían que la peor de las lacras de la humanidad fue la aparición del capitalismo egoísta y vil.

…. Hago votos para que, siguiendo lo que piden los presos políticos desterrados de Cuba, la Unión Europea no cometa la imprudencia de renunciar a la Posición Común y la mantenga hasta que el régimen de los hermanos Castro dé pasos verídicos y comprobables de una democratización.

El viaje a Cuba

Por: Carmen González Placeres

La madrugada duele, pero de una forma diferente cuando el destino del viaje es Cuba.


En la cabeza no cabe otro síntoma más que la presión psicológica. Presión por el equipaje, ¿que podré pasar?, ¿ que me quitarán?¿ con quien me tendré que fajar en la aduana? y cuantas " zetas" tendré que acusar en el acento para hacerme respetar.

Tenerife - Madrid no fue fácil, me parte el corazón todo, porque yo soy a su vez una mitad partida. Una abuela cubana, llora porque los regalos de sus nietos se quedan atrás en un mostrador de facturación de Iberia, exceso de equipaje, de ilusión y de esperanza. Era la abuela, fue la abuela que trabajó todo un año limpiando en un hotel para llenar sus ausencias emocionales de materia prima para exportar a Cuba; pulovitos, pinturitas, culeros desechables, amor, un par de zapatos, etc.

En el avión terminé gustosamente "pateada" por una niña que ese mismo día cumplía cinco años. Un arroz duro con jamón york amenizó el trayecto, jugo de naranja demasiado líquido para saber a algo cierto, y un pankecito de chocolate que sabía a reducida abundancia.

Jugadera de carta y buen ambiente, el avión iba medio vacío. Hubo respeto y contrarespeto, que las dos cosas son igual de buenas cuando las practica un buen cubano, un viajero cubano, un guajiro como lo fue Polo.

La gritería emocional del la cercanía al caimán, la solicitud de duralginas a los que las llevabamos, el sueño corto y el pensamiento largo de ver a quien te espera en el aeropuerto.

Mezcla de gente, italianos homosexuales, viejos españoles puestos pal jineterismo, caras de muertos y de vivos, rostros de búsqueda a lo cubano, sin serlo.

Mujeres desatadas, con deseos de baile y desenfreno, madres de familia que se frotaban las manos con la sensibilidad a flor de piel, sudando a mares la espera de una insalvable aduana, viviendo el momento como si de verdad, fuera el último.

Cubanos jóvenes, que vuelven especulando con un celular, y veinte mil cadenas, con revista pornográfica a modo del mejor diario de información. Cubanos jóvenes que vuelven después de años de lucha y de trabajo que ni especulan ni se les nota desparpajo, son simplementes hombres de la tierra.

Cantadera en el aterrizaje, botellas de ron ruedan vacías, los maletines se arrancan a tirones del los compartimentos, la señal de cinturones no se apaga, pero todos sabemos donde hemos caído. El desespero, el ansia, más sudor todavía, una debilidad llamada Cuba.

Sin duda una compra gratuita de VIDA, que no se vende en cualquier otro país del universo.

Un día de lluvia acaba con todo, los planes en La Habana no existen, los proyectos resultan ser sólo casualidades.

Ibamos con la gasolina justa, los cupes están de madre, ni con un "vale" ya se resuelve. Voy por calles rotas, cada vez más marcadas, eso no es nuevo, todos los sabemos. Veinte litros de gasolina, sufridos y limosnados.

La Habana es un silencio, la lluvia está acabando con las voces de la gente, las caras mueren ocultas en paraguas rotos. Yo miro, observo, quisiera inmunizarme, se lo pido a Dios sin creer en él. La inmunidad resulta inválida, y todo me toca ,me lastima, los brazos cansados de los transeúntes, las jabas vacías. Es La Habana real, la que se sufre en silencio como las hemorroides, la que se disfruta a gritos cuando se logra engañar el dolor.

Habana silenciosa y trepadora, arpía, la lluvía no logra limpiarte, calles más asquerosas que nunca, que siempre. Se pudren las paradas de guagua en miradas ciegas, descompone las ilusiones de los caminos diarios. Mata pasos de bicicleta, trapichea La Habana con jabitas de nylon cubriendo sus cabezas. Aguas de mayo cansínas. Gritos que nos se oyen, porque La Habana ya habla otro idioma. El idioma del silencio y la rabia contenida.

-¿ Dios, que hacer para que no me duela?

Mi amor, - ¿como soñar lindo si sólo veo muecas de falsas sonrisas?

Camino pisando la pobreza, voy coja de ambición, alcantarillas guerrilleras porque aún, en La Habana, sigue lloviendo.

Mi deseo es que salga el sol, ese si habla mi mismo idioma, quiero que se sequen mis pies mojados, y mi alma.

En La Habana llueve, y los "Pares" y los semáforos se oxídan igual que los cubanos.

Carmen González Placeres
Venezuela, 1971. Hija de emigrantes canarios. A los dos años de edad regresa a Tenerife donde pasó su niñez. Cursó sus estudios hasta graduarse de COU. Siempre tuvo gusto por la lectura, escribe relatos desde niña. Ama a Cuba, “soy mujer de islas”

Confianza en el anteojo

EL ANÁLISIS

Jorge Edwards (escritor chileno)

"....La historia moderna de Cuba, desde antes de la aparición del castrismo, fue una desgracia arrastrada, intermitente. Y el remedio, con los hermanos Castro, ha sido hasta ahora peor que la enfermedad. Pero podemos alcanzar un estado de paciente y controlado optimismo. Eso significa que la situación general de la región podría empezar a cambiar, y esto no sería poca cosa. Uso formas verbales cautelosas, pero no rechazo nada: ni la confianza en el anteojo, ni la confianza en el ojo...". (El País. España)

Confianza en el anteojo, escribía el poeta peruano César Vallejo, no en el ojo. Confianza en lo accesorio, en lo fabricado, no en la naturaleza misma. Recuerdo estos versos al leer las noticias sobre la liberación de presos políticos en Cuba. Todos estamos felices porque liberan a 57, dejan presos a no sé cuántos, y estos 57 con sus familias pasan de la cárcel al destierro, no a una vida normal, de ciudadanos libres. El asunto es que peor sería la muerte de Guillermo Fariñas, el huelguista de hambre, y peor aún la permanencia de los disidentes en las insalubres cárceles de la Isla. El ministro español Moratinos, el cardenal cubano Jaime Ortega y el comandante Raúl Castro negociaron bien, con paciencia, sin pisar los callos de nadie, con buena voluntad, y obtuvieron un resultado importante y que da esperanzas de cambio. No es todo, pero no es poco.

Siempre, desde que suplantó en el Gobierno a su hermano Fidel, sentí que existía en Raúl un deseo de algo diferente. Hizo cambios menores, cosméticos, tales como permitir que los cubanos se alojaran en hoteles de la isla, fenómeno extraordinario, que reflejaba el extremo de represión y de arbitrariedad al que se había llegado, o dejar que tuvieran teléfonos celulares, pero no sabemos si trató de verdad de implementar reformas ambiciosas y si estas fueron frenadas desde los círculos del hermano mayor. Ya lo dije en la crónica pasada: el Hermano Mayor adquiría letras mayúsculas, como el de la novela de anticipación de George Orwell (y Salvador Allende, sin conocer estos asuntos perversamente literarios, declaraba en 1972 que la Unión Soviética, la del estólido Leonidas Brejnev, era nuestro Hermano Mayor).


Cuando fui presidente, hace ya 15 años, de la comisión de derechos humanos de la Unesco, luché para conseguir que un médico cubano encarcelado en muy malas condiciones pudiera salir, o para que pudiera conseguir, al menos, una disminución de su pena. El delito que había cometido consistía en haber publicado en Londres un artículo que demostraba que la medicina de la Revolución no era tan buena como la pintaban sus propagandistas. Pues bien, la comisión de la Unesco alcanzó un resultado: que le colocaran al preso una cañería de agua potable en su mínima celda unipersonal.

Las autoridades isleñas ofrecieron después liberarlo y expulsarlo de inmediato del país, pero el médico preso, para sorpresa de todos, declaró que exigía seguir en libertad en el país, que era el suyo, al fin y al cabo, y que prefería la cárcel al destierro.

En otras palabras, se ha conseguido algo, pero falta mucho, y tenemos que celebrar y a la vez seguir exigiendo. Hablé hace un par de días en un foro uni-versitario de mi experiencia cubana, cosa que me piden con frecuencia y que a menudo me aburre y me deprime, y dije que a las tres o cuatro horas de estar en la Isla ya sabía que el modelo revolucionario castrista era un desastre para nosotros. Confesé que la experiencia me marcó para siempre y que siento una solidaridad muy especial con los disidentes y con el exilio cubano. He sido gran amigo de Cabrera Infante, de Heberto Padilla, de Carlos Franqui, de una larga lista de gente de calidad, de talento, calificada por Fidel de gusanos, para vergüenza de Fidel, no de ellos, y que representa, curiosamente, lo mejor del paisaje intelectual y humano de la Isla. No solo eso: me veo a menudo con cubanos del interior, que salen con permiso, con libertad bajo palabra, y me hablan en voz baja, con lenguajes indirectos, de los hechos reales de su tierra. No puedo revelar mucho porque ellos podrían sufrir algún tipo de represalia, menor o mayor. Y el asunto, el nudo gordiano, sigue. Yoani Sánchez, la bloguera, sostiene que los héroes de las últimas jornadas han sido Orlando Zapata, el opositor fallecido, Guillermo Fariñas y las Damas de Blanco. Creo que en el mundo contemporáneo, el grupo femenino mejor, más lúcido, más valiente, más humano, ha sido el de las Damas de Blanco. Luchan con armas completamente pacíficas por una causa justa. No sé si ya les han dado el Premio Nobel de la Paz. Si no se lo han dado, es una omisión inexcusable del jurado noruego. Los premios Nobel de todo tipo tienen indudables aciertos, pero también podrían aspirar al premio de la obstinación en el error. Recordemos que Henry Kissinger fue Nobel de la Paz y José Echegaray de Literatura.

Si entro en el tema de Cuba, empieza a surgir en mi memoria una cosa detrás de la otra. Ahora veo a Fidel Castro, en la noche de mi llegada, inclinado sobre una mesa repleta de fotografías suyas y dedicado a escoger una para publicarla en la primera página del Granma de la mañana siguiente. La elección fue larga, dubitativa, y el comandante, de repente, se volvió hacia donde yo estaba y exclamó: ¡Esto no es culto de la personalidad! No sé si adivinaba mis pensamientos, pero, de cualquier modo, no era difícil adivinarlos. Hay otra certeza evidente: quizá no fuera culto de la personalidad, pero no era periodismo ni nada que se pareciera. Al día siguiente, el Granma se distribuyó con cuatro o cinco horas de retraso. En lugar de salir en la mañana, salió en la tarde. Desde luego, con la fotografía del Líder Máximo en la portada.

Escribo todo esto en un día cargado de sucesos significativos, un día para la memoria y para los nuevos tiempos. Guillermo Fariñas, después de comprobar la salida de prisión de un grupo de presos de conciencia, depone su huelga de hambre. Y las hijas del general Carlos Prats llegan a nuestros tribunales de justicia para notificarse de la sentencia definitiva recaída, cerca de cuatro décadas más tarde, en el proceso por homicidio de su padre. Cuba estaba bastante lejos de ser un Estado de derecho cuando aterricé en La Habana en la primera semana de diciembre de 1970. Chile iba a dejar de serlo en forma transitoria tres años más tarde, pero tenía condiciones de fondo que le permitirían recuperar la democracia en forma pacífica. Son fenómenos que marcan a los países. La historia moderna de Cuba, desde antes de la aparición del castrismo, fue una desgracia arrastrada, intermitente. Y el remedio, con los hermanos Castro, ha sido hasta ahora peor que la enfermedad. Pero podemos alcanzar un estado de paciente y controlado optimismo. Eso significa que la situación general de la región podría empezar a cambiar, y esto no sería poca cosa. Uso formas verbales cautelosas, pero no rechazo nada: ni la confianza en el anteojo, ni la confianza en el ojo.
Jorge Edwards es escritor chileno.
Fuente: 14/07/2010/ http://www.elpais.com/articulo/opinion/Confianza/anteojo/elpepuopi/20100714elpepiopi_4/Tes

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"El gran Octavio Paz se refirió a esta obra como uno de los clásicos verdaderamente vibrantes de la literatura latinoamericana moderna... Su lenguaje es una amalgama de las virtudes más difíciles: la transparencia con la inteligencia, la penetración mas incisiva con una sonrisa... Pero más allá de esta hermosa descripción literaria que hiciera el maestro Paz, el libro narra sobre el motivo de su expulsión de la isla luego de tres meses que pasó Edwards como encargado de negocios del gobierno de Salvador Allende en la Cuba revolucionaria del año 1970."




 

EL PEOR MAL


Por: Anastasia Expósito

Leyendo el libro "Secretos" el doctor Deepak Chopra, me tropiezo con un capítulo dedicado al "mal" que me remite a los inquietantes sucesos más actuales de Cuba.

El doctor Chopra nos lleva a elevar nuestra concepción del "mal", entenderlo como una influencia de los estados individuales de conciencia y no como una existencia misma del mal, o sea, que el mal depende del nivel de conciencia de cada uno. Evidentemente el concepto es mucho más complejo que mi definición, claro está.

"Creo que toda inclinación al mal se reduce a una elección hecha en la conciencia. Y esas elecciones parecían buenas cuando se hicieron. Esta es la gran paradoja de los actos malignos, pues con raras excepciones, las personas que actúan con maldad pueden encontrar sus motivos en decisiones que eran las mejores en determinada situación." sostiene Chopra. Esto me parece muy aplicable a la Revolución Cubana, hoy develada su propia realidad.

Revisemos algunas perspectivas propuestas por Chopra sobre cuál sería el peor mal:

1. El peor mal es lastimar físicamente a alguien o poner en peligro su supervivencia.

- En Cuba tenemos dos muertos y uno a punto de morir a causa de la indiferencia del gobierno ante las huelgas de hambre de los disidentes cubanos.

2. El peor mal es esclavizar económicamente a las personas, privándolas de cualquier oportunidad de triunfar y prosperar.

- La economía cubana está en quiebra y las consecuencias repercuten en su pueblo, pese a ello ningún cubano tiene derecho a crear sus propias fuentes de ingreso y el Estado, único generador, es la dictadura de la incompetencia.

3. El peor mal es aprisionar la mente de las personas.

- El cubano está vigilado constantemente porque no puede, ni siquiera sabe cómo podría hacerlo, confrontar, deliberar, discriminar, criticar, proponer, exponer, disentir y pensar en voz alta, si no es para repetir el pensamiento ideológico catequizado por el unipartidismo del partido comunista cubano.

4. El peor mal es destruir la belleza, la creatividad y la libertad de explorar.

- Para un ciudadano cubano el mundo, fuera de Cuba, es un lugar prohibido, el gobierno se reserva el derecho de otorgarte o negarte la salida del país y de vivir fuera de él.

Estas cuatro perspectivas son el deporte diario del sistema castrista, que es el peor mal de la sociedad cubana y me atrevo a decir que del mundo, porque la dinámica de abuso del gobierno es demasiado omnipotente y sobrepasa cualquier malignidad a nivel de conciencia que pudiera concebir Chopra.

Los últimos sucesos del mal castrista, la liberación de un grupo de presos políticos a cambio del destierro, es una escalera de crecimiento donde el daño sicológico y moral a cada cubano fuera y dentro del país nunca termina. No puede ningún ser humano del mundo moderno, al margen de su tendencia política, tolerar que otros seres humanos de cualquier país, sean vejados, encarcelados a casi cadenas perpetuas, torturados, humillados y abandonados a su suerte en las mazmorras, por el sólo hecho de pensar y expresarse desacorde a la política de un gobierno. Tampoco se puede ser indiferente a que los mismos, luego de esta triste degradación, obtengan su libertad a cambio del abandono de su patria en total despojo de sus derechos.

Nos alegramos que los liberados presos políticos hayan salvado sus vidas, aunque el costo sea la deportación de su propio país, pero haber conseguido esta liberación ¿es una victoria del bien sobre el mal? Definitivamente NO. Esta decisión de la dictadura cubana de no permitir que sean los propios presos los que decidan si salen al exilio o se quedan, debe ser inadmisible para la oposición cubana, los gobiernos democráticos y la comunidad internacional.

La dictadura en toda su esencia, debe ser inaceptable para toda la humanidad, mientras se sostenga, jamás habremos eliminado la incubación del mal en una sociedad. Aceptar la liberación de los presos políticos como un gesto de benevolencia, casi de gloria del gobierno castrista y de sus intermediarios, y darnos por medianamente satisfechos, es el fracaso de la pasividad, es cruzar los brazos y dejar que el mal haga lo que quiera. No olvidemos eso.

DATOS:

El doctor Deepak Chopra, es pionero de la mediciona mente-cuerpo. Es autor de 29 libros que han sido traducido a 35 idiomas y de un centenar de series de audio y video. En 1999 la revista Time los llamó "el profeta de la medicina alternativa" y lo incluyó en la lista de las 100 personalidades más representativas del siglo xx, por lo que se considera un ícono de nuestro tiempo. Su capacidad y versatilidad se expresan en sus variadas obras en las cuales ha combinado la física y la filosofía, lo prático y lo espiritual, la sabiduría oriental y la ciencia occidental, alcanzando siempre gran éxito entre el público lector.