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Brito y el silencio

*Por Andrés Cañizález
CADAL septiembre de 2010

Los hechos políticos y sociales en Venezuela ocurren con tal velocidad, que a veces es difícil seguirles. Pero al mismo tiempo, en nuestro país persisten situaciones sobre las cuales conviene volver. Un caso emblemático del último año fue la porfiada huelga de hambre del productor agropecuario Franklin Brito.

Hay varias cosas sobre este caso: en primer lugar continuó con su protesta silenciosa hasta las últimas consecuencias, hasta morir; en segundo término, estuvo literalmente detenido contra su voluntad en una institución de salud estatal; y en tercer término, le acompañó un silencio cómplice por parte de diversas autoridades que debieron velar por sus derechos, tal como la Defensoría del Pueblo.

El conjunto de la sociedad que dice defender derechos democráticos se olvidó de la protesta de este hombre, que básicamente le exigía al Estado que rectificara y que él, como pequeño productor agropecuario, pudiese volver a las tierras de su fundo Iguaraya, que resultaron invadidas el 28 de mayo de 2003.

El año pasado Brito se cansó de las citaciones a tribunales y de acuerdos con entidades como el Instituto Nacional de Tierras, pues no tenían efecto real en el derecho que le asistía de recuperar sus tierras. El último año en la vida de Brito se dividió en dos partes, la primera con una huelga de hambre a las puertas de la Organización de Estados Americanos (OEA); la segunda, con huelgas intermitentes dentro de las instalaciones del Hospital Militar de Caracas al cual fue llevado en contra de su voluntad.

Brito, con su singular protesta, básicamente reclamó atención, tanto del Estado para la rectificación que nunca llegó, como de la sociedad para que solidarizara con su lucha. A fin de cuentas, Brito hizo uso del recurso extremo de no ingerir alimentos para expresar su punto de vista. Su fallecimiento lo ratificó como un hombre de palabra. Murió en silencio.

Con la protesta de Brito estamos en presencia de una clara demostración de cómo el ciudadano de a pie en Venezuela tiene negado el espacio para exigir rectificaciones del Estado, cuando éste hace el uso arbitrario del poder. Según el testimonio suyo, se cansó de asistir a tribunales que básicamente se mueven por razones bolivarianas, es decir se mueven cuando hay bolívares de por medio. Brito se enfrentó a la ausencia de canales efectivos para que la voz del ciudadano pueda hacerse oír.

Tampoco el rol de la Defensoría del Pueblo sale bien parado. Ha debido ser precisamente la defensoría la que debió actuar para defenderle ante los abusos del Estado y la falta de respuestas para rectificar una vez que se tomaron las decisiones erróneas en torno a sus tierras. Al contrario, la defensoría no ha defendido al pueblo, que en este caso era una persona concreta, Franklin Brito, sino que actuó en contra de éste, optando por favorecer al Estado.

La reclusión de Brito en unas instalaciones hospitalarias en contra de su voluntad fue también una forma de acallar su protesta, y de intentar que ésta tuviese menos impacto público. Es decir, fue otra manera de cercenar el derecho a la expresión. Esta pérdida de libertad fue refrendada por entidades que debieron defenderle, pero que le endilgaron una supuesta insanía mental; a fin de cuentas se trató de desacreditarlo a los ojos del público. Su muerte, por el contrario, lo reivindica.

Con Franklin Brito, en el fondo, no estuvo en juego sólo un asunto de tierras, sino el derecho a expresarse de un ciudadano. La sociedad democrática no debería olvidarlo.


*Andrés Cañizález es profesor en la Universidad Católica Andrés Bello (Venezuela) y miembro de la Red Puente Democrático Latinoamericano.

LA FOTO

La foto

Tal Cual, Venezuela
Caracas, 18 agosto 2010
Por: *Teodoro Petkoff

Entonces, el problema es la foto. El problema no es el de los 16 mil homicidios anuales, 95% de los cuales permanecen impunes; el problema no son los 400 y pico de muertos anules en las cárceles; el problema no son los miles de vehículos robados cada año, ni los centenares de apartamentos asaltados por bandas hamponiles; el problema no son los miles de secuestros express, y de los otros, que tienen lugar cada año; tampoco son las vacunas que las bandas guerrilleras y paramilitares obligan a pagar en la frontera y muchísimo menos lo es el de los incontables arrebatones, que ya ni siquiera se denuncian de tan banales que se han vuelto. Este no es el problema. La cosa es la foto.
Tampoco es problema el de los cuerpos policiales desbordados por el hampa, mal pagados, mal entrenados e incluso infiltrados por delincuentes comunes; menos aún lo es el de un Poder Judicial lento, de pésima calidad, la mayor parte de cuyos jueces son provisionales, fichas del PSUV, y viven asustados de emitir fallos que no complazcan al Poder. Nada de esto es el problema. El problema es la foto que publicó El Nacional.


El jefe de la ex PTJ habló para hacernos saber que ahora los pisos de la morgue son de linóleo nuevecito y hay camillas ultramodernas. Que la foto es vieja. El horrendo espectáculo de centenares de cadáveres que ahora disfrutan de camillas nuevas y yacen sobre un piso nuevo, y tal vez pulido, no es su problema. Su problema es el “morbo” de la foto. No la matazón que la foto captó. La inefable Fiscalía de la República ya anunció acciones, pero no contra criminales sino contra El Nacional. La Comisión de Defensa del Menor, o como se llame, también se movilizó.

Desde que actuó contra Tal Cual por el horrendo de- lito contra la “intimidad de una menor” que fue publicar el nombre de la hija del Presidente, ese organismo no había vuelto a dar señales de vida. Ahora sale de su letargo, en “defensa de los niños”, cuyas “mentes podrían ser afectadas por la foto”. Los centenares de niños que mueren alcanzados por balas perdidas; los chamos y adolescentes que pasan por la horrible experiencia de ver cómo sus padres o hermanos mayores son asesinados ante sus ojos espantados, no le quitan el sueño a la gente de la fulana Comisión de Defensa del Menor. Lo de ellos es la foto.

Todo el fariseísmo, la hipocresía, que empapa hasta los tuétanos a este régimen ha brillado siniestramente en este episodio de la foto de El Nacional. Lo que le preocupa a los adulantes no es que haya violencia sino que se sepa. Aquí entendemos la publicación de esa foto como una respuesta apropiada a la risa, no por forzada menos miserable y canallesca, de ese mequetrefe que dirige Telesur, quien emitía una risita de hiena mientras a su lado un venezolano especialista en el tema de la violencia daba cuenta de los niveles insoportables que esta ha alcanzado en nuestro país. ¿Te da risa el tema de la delincuencia, Izarrita, te burlas del asunto, crees que es un invento de la oposición? Ríete, entonces de esta foto, patiquincito.
Fuente: http://www.infolatam.com/2010/08/19/la-foto/

* Teodoro Petkoff

Presidente de Tal Cual y uno de los principales lideres de opinión de Venezuela. Graduado de economía en la Universidad Central de Venezuela en donde ha sido Profesor Agregado de la Facultad de Economía. Diputado del Congreso de la República hasta 1994 y ministro de la Oficina Central de Coordinación y Planificación (CORDIPLAN) 1996-1999.Director de El Diario EL MUNDO 1999. Opositor al régimen de Chavez, Petkoff nació en Maracaibo, Venezuela.

Libertad de Expresión: Venezuela reprobada

Por: Andrés Cañizález - Especial CADAL

Venezuela parece encontrarse en una suerte de vertiginosa carrera, en la cual el gobierno de Hugo Chávez va poniendo a prueba las diferentes resistencias democráticas de la sociedad. En materia de libertad de expresión, por ejemplo, un punto de quiebre fue el cese del canal RCTV en la señal abierta, en mayo de 2007. Hoy parece existir una nueva estrategia, si nos guiamos por los hechos recientes que han afectado al canal crítico Globovisión; la orden de detención de su presidente o la intervención del banco de uno de sus accionistas, reflejan que las acciones no están conducidas directamente contra los medios, sino que se apelan a mecanismos para presionar, chantajear o vilipendiar a propietarios o directivos de aquellas empresas periodísticas incómodas.

Tratemos, sin embargo, de que un árbol no nos impida ver la totalidad del bosque. Cuando se hace un balance general en materia de libertad de expresión, la Venezuela gobernada largamente por Hugo Chávez no parece pasar la prueba, si nos guiamos por un reciente indicador con diez aspectos esenciales para el desarrollo de este derecho humano fundamental. Los ítems emanaron de una reunión de relatores de la libertad de expresión, entre los cuales estaban representantes tanto de la OEA como de ONU. Repasemos estos aspectos y su relación con Venezuela.

En primer lugar aparece el uso de “mecanismos ilegítimos de control gubernamental sobre los medios de comunicación”, y es justamente una materia en la cual el gobierno venezolano podría dar lecciones de cómo ir achicando la libertad de acción de los medios a través de diversos esquemas de restricción, por ejemplo con el manejo discrecional de la publicidad oficial y la entrega y revocatoria de concesiones de radio y televisión.

La existencia de la “difamación penal” es el segundo aspecto de la lista, y no puede obviarse que este recurso no sólo fue ratificado por la actual Asamblea Nacional en 2005, sino que también se ampliaron las penas de cárcel al aprobarse la reforma del Código Penal. El pasado 11 de junio un juez del estado Carabobo, al centro de Venezuela, dictó una singular sentencia, amparándose en dicho instrumento. De esa forma, el juez inhabilitó política y profesionalmente a Francisco “Pancho” Pérez, un columnista con una trayectoria de 40 años, porque éste denunció la presencia de la esposa y del hijo del alcalde en la nómina de la Alcaldía de la ciudad de Valencia.

Una tercera categoría de evaluación está en la “violencia contra periodistas”, aspecto que ha tenido este país, a lo largo de una década, incontables expresiones de lo que podríamos denominar como violencia de baja intensidad, pues no tiene como objetivo asesinar a los comunicadores, tal como ocurre en México, sino que son hechos –igualmente violentos- pero que persiguen amedrentar a sus víctimas. De acuerdo con diversos estudios, se registraron más de 600 hechos de esta naturaleza contra periodistas en el lapso 2002-2009.

Un cuarto punto en el cual Venezuela sale reprobada es en relación a los “límites al derecho de acceso a la información”. Se trata de que los ciudadanos cuenten con la posibilidad de acceder a la información en manos de los poderes públicos, sin ningún tipo de restricción. En este campo se han registrado notables retrocesos, incluso llegando al punto de negarle el acceso de periodistas a las ruedas de prensa oficiales. Un quinto ítem tiene que ver con la “discriminación en el ejercicio del derecho a la libertad de expresión”, y acá cabe acotar que pese a un discurso gubernamental que en teoría busca la inclusión social, en materia de expresión y acceso a los medios no hay cambios sustantivos: mujeres, minorías, refugiados, personas indígenas y minorías sexuales, siguen sin ejercer plenamente sus derechos comunicativos, incluso en los medios del Estado.

El punto seis de la prueba se refiere a las “presiones económicas” contra los medios, para variar sus líneas editoriales. Es un punto que tradicionalmente se ha identificado con los consorcios privados, pero en Venezuela tales presiones provienen hoy fundamentalmente del sector oficial que aplica decisiones políticas para favorecer o castigar a los medios con la asignación de la publicidad del Estado.

En séptimo lugar aparece el “apoyo a emisoras públicas y comunitarias”, que en Venezuela sí se produce en términos económicos, pero condicionado por la agenda política, con lo cual la mayoría de estos medios, que debería servir a comunidades, en realidad están al servicio del gobierno. En el documento seguidamente aparece la relación entre “seguridad y libertad de expresión”, pues históricamente se ha colocado como excusa la seguridad nacional para restringir la expresión, cuestión que ha cobrado fuerza en Venezuela en los últimos meses, con algunos procesos judiciales.

En los dos puntos finales de la lista, del deber ser, “libertad de expresión en Internet” y “acceso a tecnologías de información y comunicación” la valoración de Venezuela puede tener visos positivos, aunque con riesgos especialmente en materia de libertades. Ha habido ciertamente una expansión en el uso y acceso a Internet y a las nuevas tecnologías, y en ello el gobierno de Chávez ha hecho esfuerzos, pero al mismo tiempo importantes funcionarios dejan entrever la necesidad de que haya más controles sobre lo que se opina e informa en la red.

Al evaluar estos diez aspectos, en su conjunto, caben pocas dudas: Venezuela está reprobada. El gran perdedor es el ciudadano que se ve privado de ejercer a plenitud este derecho humano que comprende tanto la posibilidad individual de expresarse sin temores como la libertad de la sociedad a informarse sin ataduras.

Andrés Cañizález

Coordinador del Programa "Comunicación Política y Libertad de Expresión" de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB, Venezuela) y coordinador académico del Programa de Estudios Avanzados en Libertad de Expresión en esa misma casa de estudios. Es Miembro del Consejo Académico de CADAL. Escribe regularmente en los diarios El Universal y Tal Cual.

Fuente: http://www.cadal.org/articulos/nota.asp?id_nota=3486