CUÉNTAME DE LEZAMA

Por: Anastasia Expósito

"-Severo, cuéntame de Lezama…
- Ay, hija, me recuerdas a aquella persona que me preguntó un día “Severo, ¿por qué pintas?”


Así comienza el Preámbulo Nocturno del libro “José Lezama Lima” de la periodista y escritora venezolana Ana Nuño. La obra forma parte de la colección Vidas Literarias que se compone de 40 biografías de los clásicos de las letras españolas y latinoamericanas de la editorial Ediciones Omega. Y es que Lezama Lima indiscutiblemente es uno de los grandes de la literatura del siglo XX que forma parte de los “Tres Tristes Tigres”: Lezama Lima, Cabrera Infante y Severo Sarduy, en este caso “Tigres” porque son monumentos de las letras cubanas y “Tristes” porque los tres vivieron el duelo del asesinato de sus obras, originado por el idiologismo del gobierno revolucionario de la isla que les concedió un irrelevante e inexistente lugar a estos intelectuales de gran calibre de las letras universales. “…La madre es fría y está cumplida. Si es por la muerte, su peso es doble y ya no nos suelta. No es por las puertas donde se asoma nuestro abandono…” escribía Lezama en su poema “Llamado del Deseoso”.

En su libro sobre Lezama, Ana Nuño, establece un dialogo imaginario con Severo Sarduy, pero por qué con este escritor cubano y no con otro de los muchos que frecuentaron a Lezama y tuvieron un tráfico profesional con él. -¿Ves? Por eso te he estado invocando, querido Severo, porque tú sabes. Yo me he limitado a leer a Lezama, con fervor, estupor e incomprensión también, lo reconozco, pero de quienes he conocido, sé que tú eres quien lo ha leído de cerca. Es decir, haciéndolo más tuyo, mezclándolo con tu escritura y con tu vida, acercándolo a tus propios “súbitos”…Conjetura Nuño en su conversa con Sarduy.

No es antojadizo que esta escritora haya elegido a Severo Sarduy para hablar de la obra lezamiana. Se dice que Sarduy, escritor, pensador y pintor, no sólo fue discípulo de Lezama sino que también crítico y hasta promotor de su obra fuera de Cuba. La ciudad de Camagüey, Cuba, vio nacer a Severo Sarduy, el 25 de febrero de 1937 hasta 1956 en que lo ve partir, en compañía de su familia, hacia La Habana. En diciembre de 1959, Sarduy realiza su segunda partida, viaja con una beca a Europa y jamás vuelve a su patria, muere en el exilio en el París de 1993. Capítulo aparte merece la obra del maestro Sarduy, pero es ahora la de Lezama, maestro de maestros, la que nos ocupa.

“El universo -recitaba el enano como si estuviera en una habitación hexagonal y blanca, acariciando un pelícano atragantado con un salmón coleante-es obra de un dios apresurado y torpe.” Maitreya, Severo Sarduy

EL SOLITARIO DE LA CALLE TROCADERO

Sólo, como en el Principito de Antoine de Saint-Exupéry, vivió Lezama en su asteroide Trocadero 162 en la ciudad de La Habana. Casa, actualmente, convertida en museo luego que el gobierno decidiera rehabilitar sus obras. Atrincherado en Trocadero, entre más de diez mil volúmenes de libros, montañas de papeles, lápices, llaves y aerosoles para el asma, escribía con una impecable caligrafía novelas, poemas y ensayos, de esa forma se protegía del acoso de las autoridades, cercanos a Lezama aseguran que recibía anónimos con amenazas y llamadas a altas horas de la noche para insultarlo y darles noticias sobre muertes falsas de personas queridas por él.

La calle Trocadero de nueve cuadras, no fue la que lo vio nacer pero si lo cobijó desde los 19 años hasta su muerte en 1976. La familia Lezama tuvo a su hijo en 1912 en el Campamento de Columbia, cerca de La Habana y se mudaron para Trocadero en 1929. Sobre la muerte del maestro existen diversos relatos, algunos rayan casi en lo cinematográfico, pero muchas versiones logran ser coincidentes. Testimonios revelan que el escritor enfermó en 1976 y que Osvaldo Dorticó, por aquel entonces presidente de Cuba, envió por él para trasladarlo al hospital porque tenía preocupación de que Lezama, confinado por diversionismo ideológico, muriera en su casa y que la prensa extranjera pudiera ocasionar un escándalo de proporciones internacionales.

Volviendo a Sarduy, él sabía del aislamiento del hombre de la calle Trocadero. Una forma de solidarizar con el maestro fue escribiendo sobre sus libros y dándolos a conocer en otras lenguas. Es así que por la influencia de Sarduy, se publican en Francia las obras de Lezama Lima. “Carta de Lezama” es el testimonio de esta relación entre estos dos literatos: discípulo y maestro. “Un Heredero” la última de las tres lecturas mayores de Severo Sarduy, es un ensayo sobre la vida y obra de Lezama Lima y es un evidente legado, según los entendidos, de una auténtica recepción de la herencia lezamiana.

De la estructura de la obra de Lezama, Benito Varela Jácome, ilustre catedrático español en literatura hispanoamericana, dice que la novela del escritor, específicamente refriéndose a “Paradiso”, es la exploración del mundo habanero del primer tercio de nuestro siglo, la formulación de múltiples experiencias personales como es la búsqueda de la identidad humana el esfuerzo obsesivo por «incorporar el misterio», la «claridad que pueda compartir»… Para mí, que no soy experta ni crítica literaria, sino simple gozadora de la cubanísima literatura lezamiana, es su capacidad y despliegue del lenguaje poético, y tan lejos de la verdad no lo estoy, según Benito Varela, lo reconocía Lezama de esta forma:

«Toda mi obra—dice— tiene un común denominador con la poyesis, con la creación,con la poesía. Mi misma novela, Paradiso, en el fondo es como un largo poema. Escribí Paradiso porque tenía que escribirla, era un signo que estaba en el desenvolvimiento de mi vida» ~.

Cómo será la riqueza idiomática de nuestro Lezama que el mismo Varela compara la experiencia lingüística de Paradiso con el Ulises (1922) del irlandés James Joyce y afirma que la novela lezamiana rompe con los clichés de la narrativa tradicional: “Predomina en Paradiso el nivel de lengua culta; los niveles de lengua coloquial y vulgar no tienen representación. Los diálogos están literaturizados. La expresión se refina, se intelectualiza; se mantiene siempre dentro de lo que los lingiiísticos norteamericanos llaman código elaborado (elaborated code).” Describe, Benito Varela, en su crítica.

En su imaginario diálogo con Sarduy, la escritora Ana Nuño hace una selección de textos de Lezama, entre ellos “Montego Bay (permiso para un leve sobresalto) 1960” aquí un extracto que confirma la riqueza en imágenes y el colorido idiomático del maestro:

El mar no se dispara al secuestro del tonel,
pues la sangre espermática se desenredó en otro cuerpo,
abandonado el inútil misterio tiritando de los árboles,
y las preguntas, como orugas, tapiando laberinto de las hojas.

Lo que fue rapto, ahora se acostumbra a la siesta en las arenas,
y los peces recuestan alfabetos y los somnolientos
instrumentos devorados.
El manglar protegiendo musicado los anchurosos vientres,
protegía a la sombra que penetra los sin varón.
(…)

Era el lenguaje de la tribu escapada de lo escrito,
donde la móvil sombra era la fija sombra arbórea.
La planta del pie tenía nocturnas raicillas,
la palma de la mano escondía estrellas descifradas y respirantes.

Los domadores escitas saborean la divinidad del rocío
y la pavorosa Nictimene encarnaba las condenaciones
de Lesbos.
(…)


GORDO PLACER POR LA COMIDA

Gordito desde muy niño, Lezama era alto y ancho como un escaparate. Su disfrute por la comida era para él casi un placer erótico. Muchos de sus conocidos han hablado de esta debilidad de Lezama por el comer en exceso, motivo principal de su obesidad mórbida. Su novela Paradiso tiene mucho de ese contexto culinario impregnado del aroma de las especies para el alimento del cuerpo y del alma. A esta gordura desproporcionada en combinación con el asma crónica, se le atribuye la muerte de Lezama, sin embargo, Cabrera Infante desmiente el rumor de que el escritor murió rollizo y afirma que en las últimas fotos de Lezama, tomadas en el Paseo del Prado, apenas se le reconoce de flaco y demacrado que estaba. De acuerdo con testimonios del propio Cabrera Infante, el maestro pasaba hambre en sus últimos años y que así se lo contó un periodista argentino que fue a visitar a Lezama en La Habana y lo invitó a cenar:

“Lezama comió varios platos diversos. Tomás Eloy Martínez, nervioso, no tocó su cena. Pero notó que en un momento Lezama miraba fijo a su plato y en una pausa le dijo: -Usted come poco- ¿No se va a comer eso? preguntó Lezama y Tomás Eloy le dijo que no. -¿Le importa si me lo como?” Tomás dijo que en absoluto y Lezama se comió toda su comida y la suya. Fue en esa ocasión que Tomás Eloy, que me había entrevistado antes, se lo dijo a Lezama. “Dígale por el amor de Dios que no regrese”, y para atenuar la alarma añadió: “El es muy polémico”. Según Tomas Eloy Martínez que puede ser contactado en Buenos Aires, Lezama se veía más que hambriento, hambreado. El poeta, patético, escribía a escritores amigos pidiendo medicinas para su asma, vitaminas y hasta plumas para escribir.”

INCENSANTE TEMPORALIDAD

"El tiempo hipostasiado en lo histórico parece como el recuerdo de la voz..." escribía Lezama Lima en su libro “Tratados en la Habana”. La historia de nuestro escritor es tan voluminosa como lo fue su cuerpo, aún tergiversada y lo será mientras en Cuba no se puedan hablar de estas “profundas e incurables yayas de la revolución” pero como él mismo decía en este libro "la voz y la luz son los dos retos prodigiosos de la reminiscencias". Algún día la nueva generación cubana podrá develar los puntos que en la luz convergen y descubrirán no sólo grandes tesoros literarios sino que también grandes vidas como la de José Lezama Lima.

Entonces, cuéntame de Lezama…
y yo te contaré esta historia tan gruesa, pero antes, quisiera saber
Severo:
¿por qué pintas?
—Pues te diré: pinto porque escribo.
—¿Hay alguna relación entre las dos cosas?
—Para mí, sencillamente es lo mismo. El mismo perro con distinto collar. Claro está, el resultado es diferente. Aunque no tanto... Pero en fin, la pintura y la escritura son como las dos vertientes de un mismo techo, las dos caras de una misma moneda...
Severo, ¿por qué pintas?, 1987

DATOS BIOGRÁFICOS JOSÉ LEZAMA LIMA:

(La Habana, 1912 - 1976) Poeta, ensayista y novelista cubano considerado, junto a A. Carpentier, una de las más grandes figuras que ha dado la literatura insular. En toda su vida sólo abandonó la isla durante dos breves estancias en México y Jamaica. Entre sus actividades divulgativas, fundó la revista Verbum y estuvo al frente de la tribuna literaria cubana más importante de entonces, Orígenes, de la que fue fundador, con J. Rodríguez Feo, en 1944. En esta última revista se expusieron las tendencias literarias de sus fundadores y colaboradores: lirismo estetizante e intelectualismo, clasicismo inclinado hacia el neoculteranismo.

Gran conocedor de L. de Góngora y de las corrientes culteranas y herméticas, devoto del idealismo platónico y ferviente lector de los poetas clásicos. Su libro de poemas inicial fue Muerte de Narciso (1937) al que siguieron Enemigo rumor (1941), Aventuras sigilosas (1945), La fijeza (1949) y Dador (1960), entregas que son otros tantos hitos de la poesía continental en la línea hermética y barroca de la expresión lírica.

Sin embargo, la obra que consagró a Lezama dentro de las letras hispanoamericanas fue la novela Paradiso (1966), en la que se ha querido ver una doble alusión a la inocencia bíblica anterior al pecado original y a la culminación del ciclo dantesco. Al mismo tiempo, en Paradiso se refleja la tradición y la esencia de lo cubano en una vertiginosa proliferación de imágenes que protagonizan la obra: un mundo de sensaciones, de recuerdos y de lecturas familiares que conforman y determinan la cosmovisión del novelista.

Esta obra, que merece un capítulo aparte en la bibliografía del autor, se ha considerado una novela de aprendizaje por la descripción a todos los niveles del proceso de desarrollo del protagonista, José Cemí, desde su infancia hasta la madurez. El conjunto de la narración muestra una imagen arquetípica en el sentido del platonismo de Cuba que es a la vez un contrapunto actualizado con las páginas del diario de Cristóbal Colón que describen la edénica belleza de la isla recién descubierta, que como todo Edén alberga la certidumbre de su pérdida.

DATOS BIOGRÁFICOS SEVERO SARDUY:

(Camagüey, 1937-París, 1993) Escritor cubano. Es uno de los más brillantes narradores cubanos contemporáneos. Estudió medicina en La Habana y desde 1960 residió en el exilio en París, donde colaboró en la revista Tel Quel y donde trabajó como asesor literario en prestigiosas editoriales francesas (Seuil, Gallimard). Su obra, caracterizada por su audacia experimental y por su gusto neobarroco, está constituida en su mayor parte por novelas (Gestos, 1963; De don de son los cantantes, 1967; Cobra, 1973; Maitreya, 1978; Colibrí, 1986; Cocuyo, 1990; Para que nadie sepa que tengo miedo, 1991). Es autor también de ensayos (Barroco, 1975; Simulación, 1982).

DATOS BIOGRÁFICOS ANA NUÑO:

Ana Nuño López (Caracas, 1957).- Dra. en Filología Inglesa y Francesa por la Sorbona, periodista, ensayista (crítica de cine y literatura), editora, poetisa y politóloga. Desde hace 18 años reside en Barcelona, donde en 2005 cofundó el partido Ciutadans de Catalunya (del cual no es militante). Ha sido traducidoa al inglés, francés, italiano y portugués. Entre sus obras destacan los poemarios Las voces encontradas (Dador, 1989) y Sextinario (Plaza & Janés, 2002), así como el ensayo biográfico Lezama Lima (Omega, 2001), basado en diálogos de la autora con el narrador cubano Severo Sarduy.

No hay comentarios:

Publicar un comentario